Ahora que ya hemos pasado la vorágine del principio de curso, es buen momento para sentarse un rato y recordar este pasado verano en compañía de nuestro ahijado Pedro.

El primer recuerdo que nos viene a la cabeza es algo que caracteriza a nuestro sobrino desde que nació… su inagotable buen humor y su sonrisa permanente. Es algo que siempre nos hace pensar… este chaval tiene algo especial. Pero además es que en esta ocasión se palpaba en el ambiente un buen humor general que sin duda estaba motivado, entre otras cosas, por el cambio y la aparente buena evolución de Pedrito en su desarrollo y crecimiento.

El bueno de Pedro ya parecía querer arrancarse con sus primeras palabras (mamá, papá; hubiera firmado ante notario que las dijo varias veces) e incluso a tararear algo parecido a una canción. Pero lo más llamativo, como siempre, era la alegría y esa sonrisa que te regalaba cada vez que te veía, jugaba contigo y, especialmente, cuando se lanzaba a regalar un besito. Por cierto, que descubierto el evento de que se prodigaba en tal muestra de cariño había competiciones para ver quién recibía más besos de Pedro (porque él ahogado en ellos ya iba, ya).

Como os decía, a todos nos alegraba ver a Pedro creciendo mucho. Ganando en atención, en movimientos con su cuerpo, en fuerza, etc. Es cierto que a poco que te fijes (sin tener en cuenta los elementos evidentes a simple vista) Pedrito duerme más que un niño de su misma edad (quizá por la medicación), le resulta más complicado el momento de la comida y no controla igual todo su cuerpo, pero este verano parecía que hubiera recibido un extra de energías que le ayudaron a superar muchas de sus dificultades y a pasar unos días muy entrañables para todos.

Sus primos, especialmente el más chiquitín, disfrutaron enormemente en compañía de Pedro y no dejaban de llamarlo con un apelativo cariñoso que utilizaba su madre.

¿Qué más podríamos añadir? La verdad es que hubo muchos detalles, pero lo más importante es que cuánto más tiempo pasas con él más pronto quieres volver a verlo.

Así que esperamos con ilusión la próxima ocasión en la que podamos visitar a nuestro ahijado Pedro. Mientras tanto le enviamos un beso enorme de parte de todos, para él y para sus padres y hermano.

Los padrinos de Pedro